viernes, 9 de mayo de 2014

El pozo



Tenía muchos sentimientos, muchos deseos y muchas ideas, pero no sabía qué hacer con ellos. Decidió entonces hacer un pozo. En él echó todos sus sentimientos, sus deseos y sus ideas. Ahora sólo tenía un pozo. 

jueves, 8 de mayo de 2014

no quiero para mi hijo



no quiero para mi hijo

los mismos sueños truncados

las mismas lágrimas

raídas por el paso de las penas

no quiero para mi hijo

el sobrante de tus veredictos

              irreales

de lo que debería ser el deber ser

no quiero para él

los mismos pasos ni el mismo camino

no quiero que tenga en su espejo

la misma imagen que yo he tenido en el mío

todos los días de ésta muerte

todas las noches de éste insomnio

no quiero tener para mi hijo

los mismos soles ni las mismas lunas

que he tenido estos días

y éstas noches que ya no son mías

no quiero ver mis ojos en los suyos

no quiero ser la sombra de sus luces

ni la orilla de su río

no quiero para mi hijo

un padre que sea otro

ni una madre que sea otra

no quiero para mi hijo

el verde de mis esperanzas

               infecundas

ni el azul de los mares de mis horizontes

lo quiero completo

lo quiero de colores

lo quiero con todo y noches y sueños

con todo y vidas y luces

lo quiero haciendo su azul

su propio azul

para que sepa por qué el aire es mejor

cuando es su propio aire

su propia libertad

su propia soledad

sábado, 26 de abril de 2014

Unas palabras acerca del enamoramiento como estafa



Honestamente pienso, y sin tono de reproche, que el enamoramiento es la forma más débil y barata del amor (y esto para conceder que tiene algo que ver con el amor del todo). Por esta razón ya desde hace un buen tiempo que me niego a cultivar los sentimientos de enamoramiento, me niego a pensar que el amor es una especie de academia cuyo kínder es el enamoramiento y la graduación es el matrimonio. Ninguno de esos convencionalismos formales tiene relación alguna con el amor así la gente haga cara de culo ante una afirmación como ésta. 


Los argumentos más comunes que escucho cuando digo esto son siempre del tipo: pero es que es lo más bonito, pero es que es necesario, pero es que sin el enamoramiento cómo es pues que uno llega a conocer a alguien y luego a amarlo. Yo devuelvo la cara de culo cuando escucho estas cosas, por supuesto, y es que nada tienen que ver las orejas con los tobillos. Y nada hay más falso a que el camino hacia el amor pasa por el enamoramiento. Me dirán también que ese amor que uno siente por un hijo es fundamentalmente un enamoramiento extremo.


NO. 


El ejemplo de los hijos es el mejor para demostrar que el enamoramiento es completamente prescindible. Antes de abandonar la lectura, permítaseme caracterizar un poco eso que es el enamoramiento: las ganas locas de ver a la otra persona sólo por el hecho de verla, la sopa de maripositas en el estómago y otras estupideces, las ganas de escuchar a la otra persona, las ganas de recibir un mensaje o una llamada, el deseo de sentirse bello o bella ante esa persona y deseado o deseada, la necesidad incoherente y sin fundamento de sentirse perteneciente al otro, el deseo de que el tiempo se pase lento, etc. En fin, como se puede ver, es claramente una suma de ganas, deseos y necesidades que tienen que ver más con una cuestión de neurosis y debilidades psicológicas que con una cuestión de entrega desinteresada como cualquiera podría pensar que es un amor de verdad


Volvamos pues al amor a los hijos. En éste no hay ese deseo de ligue ni de conquista, a un hijo o hija se le quiere sin importar que no tenga noción de las normas más mínimas de decoro y diga cosas como: ¨papá, no me gusta esa comida que hiciste, está fea¨, y se le ama igual o más cuando ya le hemos limpiado la mierda y los orines un millón de veces, o cuando se ha meado en la cama durante una semana seguida sin siquiera pedir disculpas. A los hijos se les ama aunque en su adolescencia se conviertan en unos hijueputas malcriados y malagradecidos y aunque en su vida se les ocurra retribuir todo lo que les dimos en el pasado. Se les ama sin esperar ni desear de ellos nada más que su existencia por los siglos de los siglos, amén…


No hay retorno de la inversión, o al menos no se espera, cuando se trata de amar a los hijos, es un continuo dar que ni siquiera contabilizamos. No tenemos que cortejarlos ni conquistarlos, no tenemos que vestirnos bien para ellos ni tenemos que llamarlos a cada rato para que sepan que estamos ahí, es más, en un punto de sus vidas es probable que nuestras llamadas les vayan a molestar y nos cataloguen de intensos pegas de chori.


El enamoramiento es una estafa y un boicot para el amor, nos hace perder la objetividad para entender cuando nos están pateando el culo y además nos nubla el reconocimiento de esa cosa que es tan importante en cualquier relación personal: el otro. El otro durante el enamoramiento no existe o no importa, sólo importa como yo me siento en presencia de ese otro. A mí me ha sucedido después de seis meses o dos años en una relación (el enamoramiento es finito y nunca dura más de dos años) que la otra persona aún no sabe qué putas es lo que le gusta de mí. ¿Cómo puede uno decir que ama a alguien que no conoce y ni siquiera se ha tomado el tiempo de querer conocer? Parejitas tontas de bichos y bichas que después de dos semanas de relación spamean el face con sus teamos y sus soslomejorquemehapasado y luego terminan una semana después y aparece otro conato al que sí aman de verdad… una verdadera estafa.


Mae, seguí pensando así y te vas a quedar solo, me dijeron un día de estos. No sé si esperaban que me sintiera mal y cambiara mi forma torcida de pensar, lo cierto es que pensé que si mi forma de pensar me garantiza estar solo, pero consecuente con mi cultivo cotidiano de amor de verdad, entonces sin duda prefiero ser solo que un eterno desconocido.

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