sábado, 11 de agosto de 2012

Un boceto de la literatura de Anacristina Rossi a partir de dos de sus novelas

Cuando uno anda en busca de libros de historia aquí en Costa Rica, irremediablemente está destinado a encontrarse con textos de un alto nivel técnico, pero con total carencia de estilo literario: textos planos, tediosos, llenos tanto de datos históricos enriquecedores para el investigador, como de lugares comunes a nivel de redacción. La razón es que la mayoría de estos textos salen desde la “academia” donde existe cierta hambre de rigurosidad científica, casi mitológica, que reposa sobre la idea de que un texto bien escrito, es necesariamente un texto impreciso. Quizás por esto es que a pesar de que en su mayoría no son muy extensos, fuera de la universidad no tienen un gran público, y quizás por eso muchos preferimos la novela histórica como una fuente primordial de consulta.  

Todo esto, junto con otros acontecimientos fortuitos fueron lo que me llevó al primer texto de Anacristina Rossi que tuve el gusto de leer: Limón Blues, acerca de un fragmento interesantísimo de la vida afro caribeña en Costa Rica y que, según la autora, forma parte de un díptico en cuyo segundo volumen contará la historia del Limón actual. Esta segunda parte se llama Limón Reggae y ha sido publicada por Legado en 2008 pero aun no he tenido la oportunidad de leerla. 

Limón Blues goza de una narración diversa que incluye vocablos y construcciones sintácticas propios de las variantes locales del inglés, por ejemplo: ”-Wha’ you ah’ seh?/-You nevah hear wha’ me did seh”. Basada en una historia de amor, aprovecha para ponernos en contexto de la realidad de las comunidades negras del Caribe de principios del XX. Una novela bastante divertida y de fácil lectura que no cae, por ello, en la baratija literaria. Sin duda no es la mejor novela que se habrá de escribir en Costa Rica, pero representa una excelente invitación a conocer una parte oscura de nuestra Historia. Aunque Limón Blues despertó mi curiosidad hacia la lectura de Rossi, tiene, eso sí, un detalle que no ha sido de mi agrado: la incorporación de una Coda explicativa al final de la novela.  Me produce el mismo efecto adverso de las Apostillas al Nombre de la Rosa de Eco: explicaciones innecesarias, más bien académicas puramente, teóricas, prescindibles con respecto a la propuesta de amplitud de la lectura. 

Pese a esto, movido por la lectura de Limón Blues, me dispuse a leer la que según los chismes, ha de ser su novela más emblemática, a saber, La Loca de Gandoca.  Como suele pasar con los textos muy conocidos, uno llega a saber  mucho de lo que se habla acerca de la novela,  pero nada acerca  de lo que está realmente escrito en ella. Pienso que como lectores debemos desconfiar mucho de esas famas, es probable que contribuyan a una injusta sobrevaloración de los textos. 

La Loca de Gandoca es una novela corta, la edición de Legado, que es la que tengo, consta de 114 páginas con una fuente por lo menos número 14, a diferencia de Limón Blues que incluyendo la Coda, suma 429 páginas con una fuente relativamente pequeña. El dato de la extensión, si bien en realidad no dice nada desde el punto de vista literario, parece haber creado una brecha de estilo entre ambas novelas: mientras en Limón Blues, aparte de la Coda, parece que no ha sobrado absolutamente nada dentro de la narración, en La Loca, por su parte, parece que se han forzado dos fragmentos para dar forma a una novela. Hay dos elementos dispersos; tal vez era más bien el material para un cuento corto y un trabajo técnico de investigación que se metieron en una licuadora y de ahí salió una novela.