lunes, 21 de mayo de 2012

Comentario-invitación a la lectura de un texto de Germán Hernández

Tengo que confesar, no sin gran vergüenza, que no he sido un gran lector de literatura costarricense, pero esto no es nada que no pueda cambiar, sobre todo con alguna motivación. Y qué mejor motivación, cuando uno es un adicto a la lectura, que encontrarse un buen trozo de literatura: “…ella le demostró sencillamente que podía caminar por las calles, hacer el amor, comer, vestirse y soñar sin su ayuda, a cambio le dejó ese paisaje cotidiano donde todo lo demás se fundía con lo suyo”, fragmento del cuento “Abrir los ojos y ver”, incluido en Variaciones Para una Ficción, el cuentario de Germán Hernández que en ésta ocasión los invito a leer.  Un tono para mí distinto y novedoso dentro de la literatura costarricense, sin poses de intelectualidad barata ni tampoco ruidos de temas autóctonos-exóticos para conmover sentimientos nacionalistas enclenques del tipo “apoyemos el talento nacional”. Germán se dispuso a realizar un trabajo literario de calidad y lo logró. No sé a usted, amable lector, si un fragmento como el anterior lo invita a la lectura, pero por lo menos a mí, me hace esperar con ansias la próxima publicación del autor.

Ahora bien, comentar un cuentario es una tarea que siempre me ha parecido un poco desventajosa para  el autor, sobre todo porque éste se expone a antojadizas cuestionantes acerca de su selección.  Por supuesto que no es un gran problema, pues evidentemente la selección de unidades de sentido individuales, como lo son los cuentos o los poemas, siempre lleva consigo una voluntad antojadiza por parte del autor también, lo cual resulta en un empate. De todas formas, voy a empezar por hablar del texto que me ocupa hoy precisamente desde la selección y estructuración de sus textos. 
A Germán Hernández no he tenido el gusto de conocerlo en persona, sino que apenas hemos logrado hacernos amigos gracias al Facebook, donde Hernández realiza, junto con su blog El Signo Roto, una tarea hormiguística de difusión de la narrativa costarricense y latinoamericana, entre otras cosas. Esa fue la primera faceta que conocí de Germán y fue hasta después que le conocí como escritor.

El texto que aquí comento es su primer libro de cuentos publicado por Euned en 2010. A pesar de ser un libro baratísimo (2 rojos y medio, o 5 dólares, o dos paquetes de blancos, o los pases de la Peri, según se prefiera) fue hasta hace apenas una semana que lo pude conseguir, no está disponible ni en la Universal, ni en la Lehman, ni tampoco, obviamente, en las librerías light de los Malls, entierro en el que, por supuesto, no tiene ninguna vela el autor. Así que tuve que aprovechar el pretexto para irme a meter a Libros Duluoz para conseguirlo y de paso conseguir un par de joyitas más. Supongo que también ha de encontrarse en la librería de la Editorial Costa Rica y en algunas otras por el área de San Pedro, pero en fin, estas cuestiones aledañas no vienen al caso en este momento. 

 Variaciones para una Ficción es un texto pequeño, incluso yo, que soy un lector sumamente lento, lo he podido acabar en escasos cuatro días. Goza de dos secciones: I: Introducción  para los adoradores del sentido y II: Variaciones de un tema de Maigret.  Desde el punto de vista meramente formal, a mi juicio la compilación realizada por Hernández no es la propia de un cuentario, sino más bien, la de dos textos por separado, la primera que sí sería cuentario y la segunda, que goza de una unidad temática singular, habría que catalogarla acaso como un micro-novela.  En general es un texto cuidadoso y que claramente muestra un gran trabajo de depuración. Sus variaciones y su principal elemento narrativo no es, sin embargo, la trama o la línea de acción, sobre todo en la segunda parte, detalle que significa el primer reto para el lectorcillo acostumbrado a narraciones del tipo: introducción-desarrollo-conclusión. Su elemento narrativo principal es en el uso lúdico de la enumeración: “… pero uno de los paquetes se vuelca desparramándose por el pasillo, maldice, deja caer otros paquetes, levanta las llaves, se pone de pie y abre, entra en el apartamento, enciende las luces y regresa a recoger todas aquellas cosas, las despacha poco a poco en su sitio, se toma todo el tiempo y limpia los regueros hasta no dejar evidencias…” en otro fragmento del mismo texto citado arriba , o bien, la variación de las enumeraciones que llega a su culmen en “Opera (Reparto)” un texto que si bien no es precisamente narrativa en sí (cualquier cosa que eso signifique), dentro del contexto de la selección, es donde adquiere su valor. En éste utiliza fórmulas como: “Hombres de oficina, con maletines y disfraces, finos lapiceros y agendas llenas de cosas impostergables, gruesas billeteras y autos deportivos, hombres solos, hombres enamorados, hombres con cara de payaso, con cara de policía, padres de familia, borrachos inmóviles…”, etc. En fin, la utilización  constante de la enumeración es un detalle característico del estilo de Hernández y llega a ser quizás la justificación o elemento común para la selección de los textos.

Con respecto a la temática abordada en Variaciones para una ficción, como todo texto honesto y actual que se respete, no es homogénea ni lineal, consta de una oscilación de temporalidades o cotidianidades, acaso paralelas al modo de vida caótico de los habitantes de “San José de Costa Rica”, como gusta de llamar el autor a su ubicación geográfica. En la segunda parte por ejemplo, en la que he considerado casi una micro-novela o un proyecto para una pieza de teatro, el narrador o los narradores, varían desde un anciano que cuida a su esposa enferma, pasando por unas marionetas asesinas, hasta un sucio gato residente de un bar-putero de mala muerte, todos, alrededor del asesinato (¿?) de una mujer que aparece sobre las vías del tren. La propuesta de Germán en su segunda parte es la de múltiples narraciones concéntricas que promueven diversas experiencias de lectura. 

En fin, si usted quiere divertirse con una lectura inteligente y quiere enterarse, como yo, de qué tipo de material se está produciendo actualmente a nivel nacional, Variaciones para una ficción es sin duda, una lectura obligatoria. No pretendo entrar a sermonear con verborrea del tipo “el tico no lee, por eso estamos como estamos” etc., pero sin embargo, si está cansado como yo de estar viendo gente embruteciéndose con La Teja o si está cansado de escuchar en la tele y en la radio las estupideces de Rodrigo Arias y demás calaña, no se desanime, que ya tiene con qué ocupar su tiempo.



miércoles, 16 de mayo de 2012

Joker


Desde pequeña gozaba viendo películas de payasos diabólicos, esas que me hicieron detestarlos  para siempre y, probablemente, una de las excusas para la amargura posterior. No es para menos, ella es una bromista y yo-no-soporto-a-los-bromistas. Son incluso un poco peores que los payasos, porque estos últimos sostienen la broma mientras sostienen el maquillaje, sin embargo, los bromistas naturales como ella, usan otra indumentaria, de manera que no hay maquillaje que quitar; ni tampoco puede tener uno la esperanza, de chiquillo, de que la película se acabe o de que alguien apague el tele.
El último día que nos vimos no fue diferente: llegó llorando desconsolada, a punto de un desmayo, con un sufrimiento impresionatontos, pero honesto, tatuado en la mirada. Llegó mostrando pedazos de su cuerpo a través de escotes y enaguas enajenantes, y los latidos agitados del corazón hacían de sus tetas un par de fuentes de la eterna juventud a punto de explotar. Cuando finalmente, como buen espectador, me creí la broma, la tuve que abrazar, besar, o más bien eso que habría que llamar tentaculear. Luego, mientras seguía aun llorando, con un sufrimiento indecible, se quitaba la blusa, la enagua y luego el sostén que terminó por catapultar las fuentes. Yo me dejaba llevar, ni bruto que fuera, y el proceso de tentaculación era sinceramente cada vez más divertido. El público que llenaba las butacas de mis deseos y de mi imaginación, vitoreaban y aplaudían desde mis adentros, y empujaban  gritos hacia afuera que parecían lágrimas o risas, yo que sé. En un par de minutos estábamos  llenos de lágrimas y de sudores mancomunados. El par de fuentes, las nalgas y aquellas piernas en vivo y a todo color, terminaron por hacerme creer por completo la broma.
Mi público aun aplaudía cuando ella se secó las lágrimas y el sudor, escondió la indumentaria de su cuerpo -de broma- entre lo que quedó desarrugado de sus ropas y se marchó sin decir nada, ni media palabra. Por alguna razón detesté una vez más a los bromistas y las películas de payasos diabólicos que uno nunca sabe cuándo van a terminar.  

viernes, 11 de mayo de 2012

Ojos de Plata


La curvatura de tu beso
me esperaba en la esquina
tu dedo índice indicaba
la sangre de mi herida
y no me ha dolido cuando la tocó
De a poco el frio me ha convertido
en un abrazo pendiente
pero agradecido

me viste a punto de marcharme
y no desesperaste
siempre supiste que volvería
me viste equilibrándome
en un pie
a la vera de la luna
y tu amor me apañó
en pleno cuarto menguante

Estoy a punto de convertir
            tu paciencia
en una canción
porque aquí has permanecido
testigo de los hechizos
y de las brujas
recogiendo mis despojos encendidos

Lo mínimo que merecés es un verso
pero sin burdos agradecimientos
te lo entrego con toda la piel
y con cuanto pueda merecer
quien no ha dejado a su ego
mofarse de mi amor

¡Cómo no darme por premio
tu paciencia!
cuando has presenciado mis caídas
y mis sobredosis autodestructivas
de fijación por el pasado
ese esperpento morboso
asesino de mis corduras

Hoy seré tu fuego al fin
el fuego que sólo vos
            Ojos de Plata
con el amor y con el respeto
al hombro
has logrado mantener encendido

lunes, 23 de abril de 2012

Confesiones


Confieso que aun te pienso
que de vez en cuando mi cuerpo
                de almohada
desearía velar tu sueños
o los abruptos gritos bestiales
                de tus pesadillas

Confieso que en realidad
no puedo odiarte
que sí me entra una gana ubérrima
de sacudirte con un beso
                la inmadurez destiempada
la que sin ser llamada llegó
                                para matarnos

Confieso que el afán de aceptación
no me ha alcanzado
para desear que las cosas
                no fueran como son

Confieso un dolor
                perpetuo
de ver que un mundo
quedó enterrado en un avión

Confieso que estoy muerto
                y resucitado
que todo cuanto empezó
ya no es para los dos

Confieso que las confesiones
una vez salidas de mi pluma
dejan un poco de ser para mi
y dejan de doler en los pasos
cuando camino
sobre todas tus espinas 

¿Quién es la guerra?


No recuerda el nombre de las guerras en las que estuvo porque las guerras son como la mentira, su repetición infinita degenera en tedio y a la larga en indiferencia. No recuerda nombres ni fechas exactas, pero sí recuerda perfectamente bien que miles de años atrás, quizás en la antigua Persia, uno de sus superiores le había asegurado que los hijos de sus hijos vivirían en paz, pues la guerra era una especie de trampolín para la paz futura. Murieron millones.
       Llegó uno de los futuros y con él acaso la caída de algún Imperio. En esas guerras también anduvo. Tampoco recuerda a cuántos mató ni cuántos litros de sangre ajena pasaron por sus manos, pero sí recuerda que su superior le prometió la paz para el futuro. Murieron miles.
       Pasaron más años, vio caer más Imperios, participó con seguridad en la Primera Guerra, en la Segunda y por supuesto, estará también en la Tercera, eso lo da por un hecho. Estuvo en Vietnam y en Irak, por citar apenas unos ejemplos y la promesa de la paz en el futuro, por parte de sus superiores, era casi tan terca como la persistencia en el fin del mundo. “O el futuro no existe o no existe la paz”, piensa. Murieron centenas. Murieron decenas.
        Hoy en su cuarto sólo hay uno, sólo está él. Hoy no hay guerra pero tampoco hay paz. El espejo está lleno de odios y de rencor. Él tiene un arma. Recuerda todo lo que no quiere, no tiene un superior, por tanto, no tiene promesas, pero desea la paz. Posee solamente un pasado para mirar y en él encuentra  una guerra. Ya sabe por dónde debe empezar.

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