jueves, 2 de agosto de 2012

Eplos


sos demasiado caliente
o demasiado frío
-afirmás sin siquiera verme-
no sabés que no fui a la clase
en que Aristóteles explicó
el justo medio…
Sin embargo entiendo
he querido comprenderte
y verme aplastando ideas y formas
con todos tus prejuicios

si te hubiera conocido antes
si hubieras sido otro
y no vos
-decís-
te amaría como quiero amarte
y como vos querés que te ame
Pero estás esperando que te llegue
todo cuanto ya tenés
todo
pero de otra forma

Siempre hay un deseo de más
¡lugar común!
y aun así te veo
sabiendo que no haré nada para cambiar

Que sin llegar aun
ya formás parte abundante de mi pasado
siempre a solas
siempre a sombras
siempre vos y siempre yo

sábado, 28 de julio de 2012

Apología de la sensibilidad

“Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé...
En el quinientos seis
y en el dos mil también.”
 Enrique Santos Discépolo

Recuerdo que desde una temprana adolescencia detestaba cuando decía algo y otra persona contestaba: “¡qué profundo!”. La razón era muy sencilla, no es que yo en realidad quisiera ser un superficial, si no que no había ninguna afirmación que me pareciera menos profunda que esa, y esto suponía un cierre mediocre para una conversación, al menos interesante. No sé si fuera normal pero en aquellas edades era como que me esforzaba demasiado para alejarme de la superficialidad y me empecé a obsesionar con la dicotomía profundo-superficial.  Esto es profundo, aquello es superficial, etc, pero por fortuna era una enfermedad curable y con el tiempo lo superé, sobre todo después de que Kundera, entre otros, me enseñara que “el ser es insoportablemente leve”, de manera que las cosas que en ocasiones parecen determinantes, resultan ser muchas veces tan insignificantes y baladíes como cualquier otra.

Pero pongámonos serios. En realidad disolver la dicotomía, sobre todo desde el punto de vista del juicio moral, resulta práctico y te ayuda a medio vivir un poco menos neurótico en sociedad, es como otorgar el beneficio de la duda, como decirse a uno mismo: “puede ser que seas vos el que está equivocado con todo”.  Sin embargo eso no quiere decir que no haya cosas más valiosas que otras. Me niego a aceptar que el jazz de Kenny G es igual de valioso que el de Charlie Parker o que lo que escribe Jacques Sagot es igual de valioso que la literatura de Dostoievski. En realidad la diferencia en los ejemplos (aparte del elemento del estilo)  es una cuestión de profundidad. Pero ¿cómo se explica esto de la profundidad? ¿profundidad hacia adónde? ¿hacia dónde es que se ahonda?  

Las cosas se consideran profundas según se alejan o se acercan al cuerpo, según sean capaces de traspasar los límites de la piel, esto es, según su capacidad de despertar la sensibilidad. El concepto de sensibilidad no se parece en nada al de sentimentalismo. La sensibilidad tiene que ver con todo lo que es perceptible por medio de los sentidos, es un concepto completamente ligado a las experiencias del cuerpo y no a los idilios derivados de las telenovelas mexicanas. Puede parecer una diferencia insignificante propia de filosofitos desocupados, sin embargo, a éste que escribe le parece que sus alcances son realmente importantes y son determinantes en la forma en cómo se mueve nuestra sociedad con todo y nosotros adentro.  Así pues, cuando las personas decimos “soy sensible” nos estamos refiriendo al menos a dos cosas: 1-al sentimentalismo, 2-a la sensibilidad entendida como lo que se percibe por los sentidos.

La primera forma es la de aquellos que se sienten muy sensibles porque cualquier cosa los hace llorar (¿clamabo, ergo sum?). Entonces lloran cuando a la Miss Universo le ponen la corona, de hecho les parece que la Miss ha de ser súper sensible, lloran con las canciones que dicen “te extraño y me muero sin ti” y “te dejé porque me fui con otro” porque se sienten identificadísimos con ese “sufrimiento”. Debería existir algo así como un pluviómetro para lágrimas y así podríamos medir quien es más sensible que quién: un lagrimómetro. Estos lloran pero no porque sientan un dolor, sino más bien por una cosquilla en su superficie, son incapaces de tomar una acción que no sea la de llorar, son los que no opinan, no resuelven, son los que cuando terminan su relación de pareja van donde un psicólogo (ojalá pandereta para la perfecta nefasta combinación) a que les diga: “mirá, lo que te pasa es que estás dentro de un círculo de co-dependencias”, o “pedile mucho a Dios para que te ayude a aguantar todos tus problemas”, luego lloran y lloran más y el lagrimómetro a todo vapor. Escuchan canciones corta venas y encuentran todas las formas para evadirse del “problema” que por cierto jamás han identificado porque han sido incapaces de profundizar. Abandonan, lloran, comen chocolates, lloran otra vez, les encanta que les digan que son bipolares, depresivos, o que padecen de ansiedad, luego lloran más y no hacen nada. No participan en conversaciones de política ni de religión, no por irresponsables, sino por pereza. Nunca leen, ni ven películas aburridas como las de Kubrick, ni mucho menos escuchan a esas incomprensibles obras de Chopin o a Bach. De Beethoven sólo salen que hizo un Himno de la Alegría (lo que es una completa imprecisión, por no decir una mentira) y que es un perro protagonista de alguna película de Hollywood. Estos sentimentales no tienen tiempo para cosas aburridas como enterarse del nombre de los países de África donde los niños que no se mueren de SIDA o de hambre, es porque se mueren de SIDA y de hambre;  ni para ir al Museo ni al teatro a ver obras con nombres diferentes a “Todos los amantes del barrio” o “La historia de Juanita la chismosa”, o “Del hombre que se ganó la lotería y aprendió a bailar cumbia”. Los sentimentales que contaminan el Facebook con frases espantosamente trilladas de superación personal con descubrimientos importantísimos muy recientes como: “no confies en todos, algunos pueden ser tus enemigos” o “tus problemas son parte de tu imaginación, cuando los olvidas, desaparecen automáticamente”. Pero se dicen sensibles, y si no les crees, entonces lloran y como el llanto es la medida de su sensibilidad, entonces están salvados.

Pero en fin, creo que con esto queda claro éste primer tipo: sensibilidad baratona, burocrática, perezosa, irresponsable y por supuesto, superficial, es decir no llega a entrar por los sentidos, es si acaso un eructo de la imaginación apenas capaz de llegar a rozar la dermis…

El otro tipo, no es muy común y es la que parece estar pasando a la lista de especies en peligro de extinción. Amerita como mínimo una apología. Es en realidad sencillo: si sentís una piedra en el zapato, te la sacás para poder seguir caminando. Si ponés la palma de la mano sobre una candela encendida, antes de quemarte quitás la mano. La sensibilidad que entra por los sentidos, valga la espantosa redundancia, por definición mueve a la acción: se te mete por la piel y te hace vomitar, desmayarte, escribir, pintar, bailar y en ciertas situaciones calificadas, te hace llorar. En la tele, que casi nunca veo porque me hace particularmente mal, aparecieron, en un solo día, las noticias de unos niños sin casa, que caminaban descalzos en calles de tierra para traer agua a sus casas; luego la historia de un señor a quien un par de ratas dejaron ciego cuando, por robarle el carro, le quebraron el parabrisas, el señor decía con una sonrisa que estaba feliz de estar vivo; luego la historia de un niño con un problema de nacimiento que lo obliga a estar en una silla de ruedas todos los días, y que desde los 6 años le habían dicho que se iba a morir en cualquier momento, ya tiene 17. Ninguno lloraba, ni los niños descalzos, ni el ciego, ni el niño enfermo o su madre. Mientras tanto aparece Rodrigo Arias bien bañadito prometiendo estupideces y Laura Chinchilla reuniéndose con el Papa. Al Papa parece que todo un séquito de lava bolas lo han bañado con aplicadores esquina por esquina en su papal corporeidad, antes de que le pongan su indumentaria carísima. Sale a conversar con Chinchilla seguramente de lo mal que está el mundo por usar condones y de lo bien que está Costa Rica por ser un Estado confesional. La gente se sigue muriendo de SIDA y de hambre. Luego un mae sale en la tele hablando de que no ha podido conseguir un bono de vivienda porque no tiene plata ni para el impuesto territorial, el Gobierno le dice que no hay plata y la Presidente le paga a un cocinero una millonada por ir a hacer una trocha. En la Escuela local a un chiquito con problemas de conducta le echan a la policía porque nadie sabe qué hacer, el niño tiene 7 años. A una mujer la matan a pedradas en algún lugar del mundo por cometer el gran pecado de haber sido violada, y en los barrios del sur hoy un nuevo chamaco de 12 años se ha convertido en adicto a la piedra.

Yo me enfermo románticamente: el mundo es una porquería. Mi mama me dice que hay que ver esas cosas para sensibilizarse.  Supongo estoy a flor de piel, pero me dan náuseas, me tiembla el cuerpo y no sé cómo, pero una vez más tengo piedras en el zapato y una vela encendida me está quemando…  

¿Todavía le pueden quedar ganas a alguien de llorar viendo Titanic?

lunes, 16 de julio de 2012

Durmiente


siempre hay algo que se puede colocar
ante los ojos
para que no le estorben al buen juicio
pero yo prefiero estrellarme
contra el miedo 
o alejarme de precauciones que laten
a un ritmo mucho más lento
que el de la vida misma
he tomado tres pasos pendientes
y los he guardado en donde mueren las memorias
ni siquiera me acuerdo de cuando
fue que a punta de mis confesiones
nos juntamos en enredos
en otra dimensión
lo cierto es que aquí ando
pensándote
mientras vos te andás gastando
en las esperas de lo que nunca pasa
durmiente
que no hace nada más que morir esperando
por quien la venga a despertar…

lunes, 9 de julio de 2012

De la extensión de una máscara



Cuando uno anda en esto de las letras, llega a tener cierta fijación con las palabras, algunas podemos llegar a odiarlas incluso, mientras que otras simplemente nos despiertan la fascinación. A mí me pasa lo último, entre otras, con la palabra “persona”.  Todos hablamos de las personas, todos conocemos al menos a una persona. Pero  ¿de qué diablos hablamos cuando decimos “persona”?
La etimología, pese a divagar entre diversas precisiones más bien de tipo técnico-filológico, es curiosa y sumamente esclarecedora. “Persona” proviene del latín personare que significa “máscara”, específicamente la máscara que se usaba en el teatro. También parece que tiene cierta relación con el griego “prósopon”, pros=delante y opos=cara, es decir, lo que está delante de la cara.
De cómo llegó a convertirse esto en sinónimo del concepto de Ser Humano,  es buen material para un tema de historia;  lo que provoca mi fascinación por el vocablo es precisamente que su peso semántico no consiste en cuanto se parece realmente a un ser humano, sino cuanto se parece el ser humano a una máscara. Es decir, es como si el concepto ejerciera un cierto magnetismo hacia sí mismo y que entender lo que realmente es un ser humano, parece prácticamente imposible si no lo pensamos como una máscara.
Aparte de una abstracción meramente conceptual de lo que creemos que somos, no podemos conocer cómo somos sin máscara, una persona sin máscara resulta en una contradicción, no hay así como un tras bambalinas de la vida cotidiana donde nos encontramos desnudos. Usamos generalmente la máscara del padre, del hermano, del amigo, del hijo, del empleado, del escritor, del príncipe azul, del agresor, del hipócrita, del diablo y hasta del dios.
A nadie le gusta aceptar que usa perpetuamente una máscara, pero todos apelamos a nuestro derecho a ser considerados personas. Cualquiera juzgaría de hipocresía descubrir la máscara del otro, pues la parte más importante del juego es que la máscara pase desapercibida. Cuando una máscara es descubierta, sería equivalente a que el actor se quite el maquillaje completo en medio de la obra, o que en plena película de Batman el Jocker se dé un baño y aparezca Heath Ledger en la escena, es decir, sería arruinar el juego, matar la fiesta. El uso de la máscara no sólo resulta inevitable, sino también necesario.
Así las cosas, cabría cuestionarnos la honestidad de autodenominarnos honestos, y sobre todo, un inventario de las máscaras que con más frecuencia usamos no caería nada mal. Hace poco pensando en estas cosas le dije a mi sobrino de once años que él no era una persona para ver cómo reaccionaba, el chavalo es muy inteligente y me agarró en alguna trampa, así que se limitó a responderme con una sonrisa. Pero yo en realidad pensaba que sin duda mi sobrino usaba menos máscaras. ¿Será porque es más joven? ¿Será que en algún momento de la vida no las usamos del todo? ¿Será que a veces no somos personas?

domingo, 24 de junio de 2012

Torturas Musicales


Hoy cuando venía del brete, por alguna razón tenía puesta una emisora de esas que pasan todas las canciones que están de moda, los top hits, esas que todo mundo canta y que uno se las aprende antes incluso de haberlas escuchado. Generalmente me pasa lo mismo cuando antes de bajarme del carro saco el disco que vengo escuchando y al subirme otra vez, el radio está puesto en cualquier emisora. Con cambiar el dial, el problema se resuelve, sin embargo hoy, con cierto morbo masoquista, me quedé escuchando. ¿Por qué es que considero que toda ésta música es mierda?, me pregunté muy serio y las cancioncitas empezaron a dar las respuestas... 

Antes de seguir adelante con la correspondiente basureada, vamos a aclarar ciertas cosillas acerca de la música popular: no se trata aquí de desprestigiarla desde parámetros clásicos ni ninguna estupidez por el estilo, sino, por el contrario, lo que me interesa es dejar claro que hacer música popular no tiene porqué ser un sinónimo de hacer porquerías. La música en general, hasta hoy día, sigue siendo armonía, melodía y ritmo, la cuestión de las letras fue un agregado posterior común sobre todo en la música popular. Esto tiene sentido si se considera la capacidad del lenguaje verbal para portar musicalidad y ritmo. Es precisamente aquí donde considero que empieza el problema, pues para dotar un texto de musicalidad y ritmo (eso que llamamos poesía) se requiere mucho más que la capacidad de habla. 

La cuestión de la musicalidad y el ritmo en la poesía es un tema de largo hilar, lo que sí está claro es que algunos de los compositores de música popular no saben nada de poesía y consideran que ésta es algo así como hablar con rima. Pero rima en un sentido muy lato, sin especificaciones de disonancia o asonancia, rima entendida como la capacidad de juntar “corazón” con “calzón” sólo porque terminan en “ón”, no es rima es un espectro fonético, sino en un espectro silábico de sílabas mal contadas o no contadas del todo. Da igual rimar “también” con “bien” aunque sea un insulto para la creatividad. Entender la rima de ésta forma da pie para una sarta de atrocidades de tipo verbal.

“Tengo un pobre corazón 
que a veces se rompió
se apagó
Pero nunca se rindió
entre estrellas de cartón
perdí la ilusión” Alejandra Guzmán

Reducir la rima y la métrica a puras formas verbales en pasado (rompió, rindió, apagó) o facilismos como utilizar sustantivos terminados en “ón” es lo que yo llamaría rima de reguetonero. Algo así como “hágalo que calce a como dé lugar”. La rima de reguetonero es impresionante:

“Daddy Yankee yo..., oh ah, oh ah, oh ah, oh ah,
Yankee nos fuimos hasta abajo,
Que, seguroski cabroski que todas las gatas se agarren los meloski
hasta abajo que muevan ese culoski
que esta noche nos fuimos al garetoski” Daddy Yankee

O los muy estimados versos:

“Los que nunca bailan que se quedan arrinconaos
Sin levantarse con los huevos pegados al muslo bendito
Los que huelen a meados de viejito
A esos son los que yo resucito
Y les devuelvo el apetito”  Calle 13


Que quede claro que no estoy haciendo una censura ideológica del contenido de esta música, eso representaría suficiente material de discusión para un montón de páginas, aquí me estoy refiriendo específicamente a estilo literario y calidad musical que dicho sea de paso ambos factores están ausentes en los tres ejemplos anteriores. No podría decir uno que una pieza es muy buena porque tiene gran letra aunque su música es horrible pues estaríamos hablando de un poema y no de una canción. Desde un punto de vista artístico, sería un producto mal acabado, no atiende la intención del autor.

Pero en fin, hay más ejemplos de porqué cierta música califica como mierda (con el perdón de la mierda) y sólo voy a utilizar uno más para no abusar con la extensión del texto. He aquí una demostración de cómo se puede hacer una compilación vergonzosa de los elementos retóricos:

“Que estás haciendo tu?
que estoy haciendo yo?
malgastando en cualquier cama
lo que se nos dé la gana
pa vengarnos de los dos

Que hace un 30 de febrero
que hace un rey sin heredero
y que estoy haciendo yo?
sin ti...” Ricardo Arjona

Bueno, creo que el ejemplo se explica por sí mismo, la única relación que puedo ver yo entre un 30 de febrero (que no un 29) un rey sin heredero y lo que está haciendo Arjona, es la fórmula que resulta de tener una estrofa musical pendiente y un millón de estupideces en la cabeza. Utiliza el recurso de la pregunta como instrumento para impresionar tontos. Y seguramente la separación de las estrofas es lo que sirve para que el agudo lector comprenda que lo que hago yo sin ti, es lo que hace un 30 de febrero (¿?). Ni siquiera un exegeta importado desde el siglo II sería capaz de desenrollar semejante galimatías. En algún lado me pareció escuchar que Arjona dijo que Silvio Rodriguez era una de sus influencias. ¡Pobre Silvio!

En realidad no se trata de pedirle a la música popular que proponga una tesis de grado, y por supuesto, también es entendible que no todas las veces se logre una buena obra. El cuestionamiento que hago se refiere no sólo a cuántos de los autores se han cuestionado su obra antes de sacarla a la luz, sino cuántos de nosotros, cómo receptores de estos mensajes artísticos, nos hemos cuestionado las “obras” a las que nos estamos exponiendo. Parece una nimiedad, sin embargo, todo lo que escuchamos está gestándose en nuestro cerebro y lo está alimentando. Cabría pensar en una dieta. 

La música popular puede ser sin duda un espacio para el juego. Pensemos por ejemplo en “Los Orozco” de León Gieco, un experimento literario que utiliza solamente la vocal “o” a lo largo de toda la letra. O por ejemplo Silvio haciendo uso del elemento de la pregunta en “Adónde van”:

“¿Adónde van las palabras que no se quedaron?
¿Adónde van las miradas que un día partieron?
¿Acaso flotan eternas,
como prisioneras de un ventarrón,
o se acurrucan entre las hendijas,
buscando calor?
¿Acaso ruedan sobre los cristales,
cual gotas de lluvia que quieren pasar?
¿Acaso nunca vuelven a ser algo?
¿Acaso se van?
¿Y adónde van...?
¿Adónde van?” Silvio Rodríguez 

Y bueno, luego de que alguien le pase una copia del disco a Ricardo Arjona pues sin duda nunca lo escuchó, que por favor se den una vuelta por donde Chico Buarque y se traigan un par de joyas literarias como ésta: 

“Como beber dessa bebida amarga
Tragar a dor e engolir a labuta?
Mesmo calada a boca resta o peito
Silêncio na cidade não se escuta
De que me vale ser filho da santa?
Melhor seria ser filho da outra
Outra realidade menos morta
Tanta mentira, tanta força bruta” Chico Buarque 

Pero aquí se me podría preguntar si en realidad considero que alguien que no tiene el talento de Silvio, de Chico Buarque, Bob Dylan, Roger Waters, John Lennon, etc, no debería escribir canciones. En realidad no pienso eso, sería maravilloso tener más compositores como ellos, pero no es para nada realista. Creo que mi reclamo va un poco más dirigido hacia la honestidad del proceso creativo. ¿Por qué ponerle cualquier letra a una canción sólo porque está hecha para ser bailada y no escuchada? Creo que lo más honesto sería dejarla del todo sin letra, al estilo del  trance u otras formas de la música electrónica, o incluso, porqué no, algunos temas clásicos de cumbia. Utilizar la moda o rimar con “zacate” los personajes de “combate” quizás brinde un poco de fama y fortuna, pero sin duda no es una garantía de estar realizando buen arte. “Como decir que Madonna es puritana y conservadora/ O asegurar que Donald Trump vive en un departamento en mora/ Y que Lucía y la Vero se adoran/ Y que Pablito Ruiz canta en la nueva trova” Arjona dixit; en una sóla estrofa encaramó a Trump, Madonna, Lucía, la Vero, Pablito Ruíz y la Nueva Trova, una demostración más de que a éste compa le basta su Enciclopedia Ilustrada Vanidades para hacer una canción. 

¡Yo pido arte y los invito a pedir arte! La estupidez y el adormecimiento pueden ser contagiosos y sin duda entran por los sentidos.

Amigos de Literaturavecc