Luego de haberlos escogido con su propio dedo, miró como, junto con él, venían los otros que habían hecho igual. Los elegidos los llevaban de la mano, y luego, en unas estacas largas de pino los empalaban uno a uno, dejando la punta de la estaca saliéndose por la boca con algo así como unas entrañas colgantes.
Los otros, a quienes posteriormente llamarían pueblo, observaban con morbo el espectáculo de aquellos elegidos empalando electores. A su vez, por una extraña razón, olvidaban tomar nota acerca de cómo serían sus muertes, por empalamiento, cuatro años después, luego de pasar por las urnas y escoger con su propio dedo, aquél destino.
Los otros, a quienes posteriormente llamarían pueblo, observaban con morbo el espectáculo de aquellos elegidos empalando electores. A su vez, por una extraña razón, olvidaban tomar nota acerca de cómo serían sus muertes, por empalamiento, cuatro años después, luego de pasar por las urnas y escoger con su propio dedo, aquél destino.


